A veces es curioso cómo la vida te muestra las cosas y el porqué decide moverte de ciertos lugares.

Hay personas que siempre serán un estanque, no importa cuantos años pasen, no importa las situaciones o las vivencias, siempre se mantendrán estáticos. Seguirán con los mismos problemas, la misma rutina y hasta las carencias emocionales.

Entonces gracias a esa pequeña cosa que te permitió darte cuenta que ahora saliste del estanque y conoces el mar y deseas adentrarte a las profundidades del océano, agradeces haber salido de ese bello, pero diminuto estanque.

El agua siempre ha tenido una conexión especial en mí.

Me relaja o me altera. Me ha ayudado a presagiar cuando algo terrible está por pasar en mi vida, o por el contrario cuando voy por el camino indicado.

Me libera de penas, me hace sentir relajada y llena de entusiasmo.

El agua ha sido una bendición en mi vida. En todas sus presentaciones: dulce o salada. En un estanque o el mar abierto, los manglares o la lluvia, hasta el sudor que libero.

Gracias al agua que es vida y al sonido que me tranquiliza. Al correr de los ríos, al estruendo de las olas, a las tormentas, a toda la vida que almacena.

El agua siempre será una conexión especial.